Llevar perdices, codornices, proteger faisanes vistosos, plumajes de oro que rehuyen la terrenal cohetería, pero además gorriones, aves azules, alondras (Pablo Neruda). Todo honra al misterio. También el halcón que eligió María Kodama, para dibujarlo.
Misterio. El de la Trinidad. El de las Pirámides. El de las ceremonias
secretas, en el culto a las divinidades paganas. El misterio del amarillo Van
Gogh; el de las nubes de Magritte; el de los rostros de Ingres; el de la poesía
de Quasimodo. El de las líneas de las manos (Mi
historia está en mis manos y en las manos con que otros me tatuaron
- Olga Orozco). El misterio explícito, en los cuentos de Edgar
Allan Poe y el enigma sutil, en la obstinación del amor.
A William Yeats, instructores secretos se le expresaban en sueños y -a
partir de allí- él daba forma a algunos escritos. Pero la pregunta
de Goethe: ¿cómo puedo ser, cuando otro es?; o la
de Nietzsche: ¿Cómo puedo existir, si Dios Existe?,
siguen sin contestación. ¿La respuesta al misterio será
el silencio?
Los interrogantes son muchos. ¿Por qué danzan los árboles?
Porque el viento; ¿y por qué el viento? Porque Dios. Misterio.
Por qué en todo el mundo, detrás de todas las ventanas de todos
los rascacielos, dos seres se aman; y por qué, sin embargo, la soledad
puebla a tantos de esos dos seres. Y por qué el cielo y luces lejanas,
y estrellas plagiadas en el azul tapiado. Y por qué el valor de la bondad.
Y por qué la potencia de la alegría. Misterio.
Y por qué -para quien se atreve al amor- hay un solo hombre o una sola
mujer, que es recreo, soplo de infinito, juerga del poema, sed: suelta de pájaros.
Y qué hay en el Universo semejante a la música. Y por qué
el arte quiere al artista ascético, para él; dionisiaco, para
él: esclavo. Y por qué la capacidad de recuperación del
ser humano, gracias a la cual, sobrevivientes de campos de concentración
pueden crear, creer, amar. Y por qué la fiesta de la vida y la impudicia
de la muerte. Y por qué el poder -a Dios gracias- de una caricia.
No sé
pero a los enigmas no hay que escaparles. Hay que apremiarlos.
Porque -aunque inexplicables para la razón- son una certeza. Como la
poesía, como las figuras angélicas del Giotto, como el sol. O
como un halcón (Cristina Castello).
- ¿Por qué un halcón, para fotografiar
el misterio?
- Porque es un pájaro mágico. Tanto, que aquellos que son peregrinos
hacen larguísimos viajes por el desierto, lugar -también- de mucho
misterio.
- Lugar donde el silencio alberga todas las sinfonías
- Sí
el desierto tiene música. Uno está allí
y escucha notas lejanas y fragmentos remotos de canciones; o el sonido de la
arena cuando algún animalito la agita, a su paso. (Con deleite) De verdad,
la experiencia del desierto es fascinante: uno siente que no es nada ni nadie...(respirar,
sería quebrar la magia de este instante) sólo participa de ese
concierto, más bello aún al atardecer.
- ¿El atardecer tiene el color del misterio?
- No, (no intenta ser sublime, pero lo es) el color del misterio es el de Venecia,
en los cuadros del Canaletto.
-¿Y el aroma? Pienso en el del rocío
sobre jazmines o en la fragancia del exquisito amor
- A mí me parece misterioso el olor del mar. Tan potente es, que parece
que diera -de pronto- la vida. Acre a veces y fuerte: el mar tiene el olor de
un animal
y también nos regala su música.
-¿El mayor misterio es la invención
de la melodía, como sostiene Levi Strauss?
- Es posible, porque para el hombre primitivo, la melodía debe haber
significado un ordenamiento interior y un paso hacia la armonía y el
equilibrio.
- Brahms, Palestrina
¿qué música
es para usted síntesis de los enigmas?
- (No duda) La música de Bach.
- Sí
parece unir cielo y tierra
- Tiene usted razón y, con lo que convoca, puede desarmar las pasiones
más negativas y terribles. Recuerdo El silencio, de Bergman,
donde dos hermanas -aisladas dentro de un hotel- se aman, se odian y se gritan.
Ni siquiera reparan en la música de la radio. Pero entra el mucamo, la
escucha -conmocionado- mira la lejanía, y dice: Johanes Sebastian
Bach. Entonces se produce el milagro: esos rostros que estaban crispados,
se van suavizando
¡y es como si de pronto, uno entendiera los misterios
de Orfeo!
- Misterios que simbolizan la muerte recurrente y
la resurrección, ¿Dónde pueden verse hoy?
- En la continuidad de la historia de la humanidad, a través de cuadros,
esculturas, escritos, música
- Pero es enigmático que músicos con
vidas atormentadas -Mahler, por caso- fueran capaces de producir belleza, ¿no?
- Es que el misterio es -también- la capacidad de sublimar el dolor,
en arte
o en una sonrisa.
- ¿Y por qué sonríe la Gioconda?
- (Lúdica) Porque recuerda alguna travesura. Pero no sabemos si su sonrisa
tiene un velo de tristeza o si es levemente perversa
y ahí reside
su misterio.
- El rostro humano es un misterio en sí mismo,
¡cuánta vida hay entre los ojos y la boca!
- Mucho, y a veces hay una ligera contradicción entre la mirada y la
sonrisa. Pero hay que creerle a la mirada.
- ¿También en su caso? Por su aspecto
atemporal, parece salida de un cuadro de Dravko Ducmelic o de un retrato de
Odilon Redon, que hay en el Museo DOrsay de París. Es misteriosa
- (Sonríe dulcemente) Ah, no sé
esas son cosas que ven los
otros. Claro que
(con frescura infantil) Borges dijo una vez que mi mayor
misterio era no hablar.
- Quizá se refería a esos instantes
excelsos, cuando el silencio es encuentro
- No sé
pero el silencio es la forma más sutil del misterio.
- ¿Y el fuego?
- Su misterio consiste en que nos sentimos vulnerables frente a él. Porque
puede convocar y destruir, en un instante
es como el delicado paso entre
vida y muerte.
- Es curioso: tiene usted talento y delicias espirituales
y sin embargo, resignó su lucimiento personal, cuando eligió a
Borges como destino ¿por el misterio del amor?
- Por el misterio del amor y del destino
al que uno desconoce y sin embargo,
sigue.
- Según León Felipe, los grandes poetas
no tienen geografía sino destino, ¿le pasa como a ellos?
- No sé, pero -aunque parezca contradictorio- prefiero pensar que el
destino no existe, para no perder mi libre albedrío, aún a costa
de ser prisionera de mi libertad. Pero
(quiere descifrarlo) ¿existirá
en realidad el libre albedrío? No lo sé
es un misterio.
-Mysteria se llamaban en religión, ciertos
ritos que los iniciados realizaban en secreto. El centro de esa ceremonia era
Eleusis, ¿quién la representa hoy?
- (Segura) Para mí... Borges.
-¿Por qué?
- Porque tenía misterio. Era como Leonardo (Da Vinci): complejísimo,
lleno de matices, con inteligencia fascinante e imaginación enorme. ¿Sabe?
me gustaba su cráneo de conejo. Y verlo reír, porque entonces
era como
un cachorro de tigre al sol
una imagen de mucha belleza.
- ¿Y cuál es el enigma de la belleza?
- Bueno, yo recibí de mi padre -a mis cuatro años- la primera
lección de estética. Le pregunté qué era la belleza
y esperé -como una revelación- durante una semana, su respuesta.
Y al fin, abrió ante mí un libro de arte, en la página
de una escultura: esto es la belleza, me dijo. Era la Victoria de
Samotracia, pero en aquel momento me sorprendió que no tuviera cabeza.
- La miró con sus ojos de niña
- Sí, pero mi padre me dijo que observara los pliegues de la túnica,
agitados por la brisa del mar. Y que esos pliegues en movimiento -detenidos
para la eternidad- eran la belleza y, a la vez, el misterio de la belleza. ¿Sabe?
(conmovida) no lo olvidé nunca
y cuando, con Borges, conocí
el original de esa escultura, lloré de emoción. Y él lloró
conmigo.
- Habla usted del amor. ¿Por qué cosa
misteriosa dos personas se encuentran?
- No hay una explicación lógica. Pero creo que -más que
misterio- encontrar el amor es un regalo de los dioses, un don para agradecer
a la vida. Es lo que decía Dante refiriéndose al amor de Dios:
el amor que mueve el sol y las estrellas. Es decir: el amor lo puede todo.
- ¿Ese fue el secreto de su amor con Borges?
- Sí
nuestra hermandad en el misterio.
- Explíquese, por favor
- El misterio -cuando ocurre con otro ser- es lo que hace que la relación
sea inagotable. Porque siempre hay un después que no podemos asir y que
convierte esa relación, en un descubrimiento permanente. Como si uno
siempre estuviera ante la inminencia de una revelación
así
definía Borges a la poesía.
- Equipara usted el misterio del amor y de la poesía.
Me recuerda que según Octavio Paz, un poema es un erotismo verbal y el
erotismo, una poética corporal
- Sí, ambos mueven los hilos más sutiles, más complejos
e íntimos de lo que es el ser humano. Entonces el misterio adquiere la
identidad del amor y de la poesía.
-¿Y el enigma de erotismo y sexo?
- Es el gran misterio, porque esta unido a la vida y a la muerte: como el mar,
como el desierto y como el fuego.
- Bueno, para Gauguin el misterio era la única
certidumbre
- Claro, porque es la permanente ambigüedad: esa sensación de estar
siempre por encontrar algo que se escapa, o toma otro rumbo
¡y por
eso nos atrae!
- No le gusta el misterio explícito
- No, prefiero eso otro que va como bordeando, sutilmente, como los cuadros
de Hieronymus Bosch: síntesis mayor de imaginación y misterio.
- ¿Las cosas más enigmáticas
son las que no se pueden dibujar: el silencio, por ejemplo?
- No, porque en la película El silencio el mucamo nombra
a Bach y transforma la historia. Y ese instante, es el dibujo del silencio.
Dibujo que, además, acaba con el odio y la maldad.
- La maldad me resulta misteriosa, ¿por qué
ser malos, si es más fácil ser buenos?
- No creo que sea más fácil ser buenos, sobre todo rodeados de
gente perversa. Sí me parece peligroso, que el equilibrio entre maldad
y bondad se quiebre.
- El equilibrio en el juego de los opuestos
- Sí, porque si no conociéramos la maldad, no tendríamos
noción de la bondad absoluta, que es Dios. Pero creo que nosotros podemos
tratar de transformar lo negativo en positivo: esa es la lucha que nos hace
seres humanos.
- Porque en la tensión espiritual de esa elección
-también misteriosa- está la vida
- Ahí está la vida y el camino que cada uno elige.
- Se encienden las flores por la mañana, con
la misma intensidad con que apagan al atardecer
¿también
por el juego de opuestos, amanecer es anochecer, al revés?
- Creo que sí, y además eso permite químicamente la respiración
de las plantas. Pero
yo prefiero el crepúsculo, me encanta la noche.
- Forma parte de su misterio: como el halcón,
como el desierto, como el mar, como el fuego. Y como Bach.
- La noche es misteriosa. ¿Sabe?
Desde muy chica me gustó
vagar por mi casa muy tarde: era como un tiempo mío que me daba una gran
felicidad. Y me daba alegría, también, (se ilumina) la idea de
que los tres Reyes Magos se hubieran puesto en camino, desde distintos puntos
de la tierra, con la guía de una estrella. Y con la certeza de la fe.
- ¿Y en su niñez, descubrió el
misterio de la huida de las ardillitas en los Bosques de Viena?
- (Tiene una risa infantil) Huyen porque son tímidas y no les gusta que
las invadan. Pero, salvo eso, para mí todo lo demás sigue siendo
un misterio, porque no doy por hechas y naturales, cosas que son verdaderamente
increíbles.
- ¿Como cuáles?
- Como la pasión: he ahí otro gran -y bello- misterio. (Con alegría)
O como ver por televisión, algo que está sucediendo prácticamente
al mismo tiempo, en Africa. O que un avión se sostenga en el aire, bueno
(convencida)
¡en realidad, eso es un milagro!
- También hay objetos misteriosos
- Sí, los instrumentos de navegación antiguos y el calidoscopio.
- Y los espejos, ¿somos como nos muestran,
o sólo sus caprichos?
- (Divertida) No somos como nos vemos, porque el espejo da la imagen invertida
¡nos vemos deformados!
- A ver, resolvamos el enigma del tiempo, ¿es
el de los relojes o el de nuestras sensaciones?
- Para mí, el verdadero reloj es la intensidad, porque la vida es lo
más fuerte.
- ¿Y qué misterio le gustaría
develar?
- ¡Ay! (con pasión) me gustaría presenciar todos los adelantos
que hiciera la ciencia para mejorar la vida de los seres humanos, en los próximos
siglos. Y quisiera saber si en algún punto del Universo existe la vida,
y amartizar (ríe con el neologismo) en Marte, porque sería
-casi- como estar unida al misterio del Universo. (Cómplice) ¿Le
gustaría?
- Me gustaría saber
cuál es el
misterio de que usted escape -impunemente y de a ratos- de los cuadros de Ducmelic
y de Redon
- No diga nada, pero
(pícara y cómplice) aprovecho cuando
no hay nadie en los museos. Y ya ve
escaparse tiene sus privilegios: gracias
a eso cumplí mi viejo sueño de tener conmigo un halcón,
como aquellos de los romances españoles que me contaba mi abuela.
© Copyright Cristina Castello
Revista Plaza Mayor
Septiembre 1998
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