Con la boca hacia arriba, las máscaras griegas representaban la alegría. Y con la boca hacia abajo, la tragedia. Para el artista plástico Guillermo Roux, de refinamiento ético y estético notable, la belleza, en sí misma, es un valor. ¿Y si intentáramos que la vida fuera una oda a la alegría? Schiller estaría gozoso.
Son muchos los signos de la belleza. Pero, para gozarla, hay que vivir a conciencia
despierta. Para sentir -como el ave fénix de la leyenda, con sus 365
plumas- la mañana de la vida, la obstinación del atardecer y el
enigma de la noche.
Y es verdad que el concepto de belleza parece abstracto. Pero no. Para William
Yeats, era sinónimo de piedad, a Oliverio Girondo lo acercaba a Dios
y para Miguel Hernández, era coraje: confluyen
situaciones bellas miles en un solo minuto de valor, escribió.
Por eso -aunque muy grato- no es la única forma de deleite, visitar las
pirámides de Egipto, ver el coloso de Rodas, los jardines colgantes de
Babilonia, o cualquiera de las siete maravillas del mundo. Sólo hace
falta tener gula de luz, voracidad de ojos abiertos y una furia enorme de ventanas
para adentro: hacia nosotros mismos. Porque la belleza es, creo, la tarea del
hombre en este mundo.
Emparentada con el concepto de placer, es más abarcadora que él.
Pensadores y poetas asocian la belleza a la trascendencia, y/o a la sensibilidad,
y/o a la inteligencia. Lo placentero, en cambio, tiene que ver con lo agradable,
con la alegría de vivir y hasta con el ocio, cuando éste nos gratifica.
No tiene la magnitud ni la hondura de lo bello. Pero es como un cosquilleo.
Tiene ruidito de tostadas crujidas al alba y olor a plantín de lavanda
al mediodía. Es un alborozo -más que necesario- que nos gratifica
los sentidos. Por eso bien vale la pena -también en este caso- abrir
nuestras ventanas al placer. Incluso al más simple.
Y no es difícil. Ya lo dijo Oscar Wilde: los
placeres sencillos, son el último refugio de los hombres complicados.
De los que son capaces del deleite. Como Guillermo Roux. (Cristina
Castello)
- Artista
y sibarita, ¿cuál fue
su último deleite?
- La pasta reale (el mazapán), que hacen en I Peccatucci di Mamma
Andrea, en Palermo, Sicilia (Con el alborozo de un niño, sonríe).
- ¿Quién inventó expresión
tan sutil de alegría: la sonrisa?
- Es una conquista de la humanidad y esa conquista se llamó Grecia. Fue
en Creta, donde -de repente- aparecieron unas estatuillas pequeñas, con
sonrisa misteriosa.
- Risa sin sonido, pero con música
¿también
el silencio puede tener música, como la del adagio de la V Sinfonía
de Mahler, no?
- Sí, el silencio
o la página en blanco: todo lo que se ponga
allí -en su lugar- es un acto trascendente.
- Y cuando el silencio es una gracia, ¿como
espantar el ruido de las palabras vacías?
- ¿Me deja contestarle con una historia? Cuando vivía en el Norte,
conocí a Lanza del Vasto
¿se acuerda? Bueno, un día
visitó una casa donde los perros ladraban, las gallinas cacareaban y
los chanchos gritaban. Entonces él se sentó -inmóvil, en
una piedra- y sólo los miró
(todavía conmovido). Y
todos callaron, y los perros fueron a lamerle las manos.
- Bella imagen. Y honda
¿qué es
la belleza?
- Según mis ojos, (sin solemnidad) es una forma de revelación
que trasciende los sentidos y nos pone en contacto con lo absoluto. Y en ese
extremo, está más allá de la comprensión y de la
razón, porque nos coloca por encima de lo humano: inclusive el tiempo
queda abolido.
- John Keats equiparó belleza y verdad, y Platón
asimiló bien y belleza, ¿coincide con ellos?
- Sí, la belleza es una forma de conocimiento que incluye el bien y la
verdad. Me explico: como el hombre no tiene respuestas para los misterios de
la existencia -el amor y el odio, la vida y la muerte- trata de serenar su espíritu.
Entonces elige caminos, para encontrar respuestas. Algunos las descubren en
la religión, por ejemplo. Y para otros, un sendero posible, es la belleza,
pero
hay que tener cuidado con ella.
- Sí
es modificadora. ¿Quién
sale indemne, después de disfrutar, por ejemplo, de La Anunciación,
del Fra Angélico?
- Ahí apuntaba. Cuando la belleza nos arranca de lo cotidiano y nos instala
por un soplo en un sentimiento de eternidad, toca lo sublime. Y
produce
miedo.
- ¿Le pasó?
- Sí
recuerdo una mañana de otoño, de luminosidad
inefable. Yo estaba en el Museo Arqueológico de Nápoles -donde
se conservan los frescos pompeyanos- en paz y despreocupado, recorriendo sus
salas. Y de pronto me encontré solo en una muy chica, en cuyo centro
había un Eros pequeño, tallado supuestamente por Praxíteles.
Entonces retrocedí. De aquella figura no emanaba agresión, sino
una dulzura infinita y sin embargo, no soportaba estar a solas con ella. ¿Sabe?(con
sobriedad) por un instante
perdí el sentido.
- ¿Aquel Eros caló en el mejor lugar
de su persona?
- No sé. Sólo sé que cuando la belleza es suprema, mata.
- Y es despojamiento y sencillez, ¿cómo
enseñarlo a los ostentosos?
- Mire
la sencillez, como forma decantada del gusto, es una esencia. Es
la condensación de un proceso de síntesis lento, consciente y
laborioso. Quiero decir: la sencillez, para que importe, debe ser estilo. Y
el estilo sólo se forma cuando pulimos nuestra personalidad y aprendemos
a renunciar.
- ¿Cómo?
- Creo que hay dos caminos: uno es invertir en tabla de valores y el otro, dar
tiempo al proceso de la cultura.
- Dice valores y recuerdo aquello de José
Ingenieros sobre la aristocracia del espíritu, ¿hay
mejor linaje?
- Perdone
(incómodo) la palabra linaje no me resulta
simpática y no quisiera hablar de aristocracia, para referirme
al espíritu. Yo reconozco una sola superioridad: la de los buenos sobre
los malos.
- ¿Por eso, en su niñez sentía
placer cuando miraba a aquella maestra suya
la señorita Susana?
- No
(sonríe con ternura) los recuerdos de mi maestra de segundo
grado, son otros. Vestida como las tenistas de la época -hablamos de
1937-, con el rubor encendido en los cachetes de su cara redonda y siempre alegre,
llegaba a la clase. Pelo renegrido y
¡aquellos grandes ojos negros,
con un fuerte contorno azul de sombra! (En tono de confidencia) Aquel azul me
hacía pensar en las noches de la señorita Susana, lo cual me producía
una temblorosa excitación, cuyo significado no me atrevía a revelar.
- ¿Ahora el hecho amoroso le parece un estado
de víspera y de dicha?
- Es un estado de víspera, de cuya concreción nace la dicha.
- ¿Y entre los dones del amor, el erotismo
es la elegancia del sexo?
- Mire, como en todo lo verdadero, cuando el amor existe, todo en él
es elegante.
- A propósito, ¿cómo enseñar
a los nuevos ricos que, para distinguirse, no tienen que comer ostras,
sino pulirse?
- No sé, pero a mí no me gusta la cocina pretenciosa. Fíjese
que quienes no saben cocinar, hacen cosas complicadas, igual que aquellos que
no saben pintar. Así que
(los ojos le titilan) un plato de fideos
con manteca y queso no estaría para nada mal, siempre que estuvieran
bien hechos. Como los hace mi mujer.
- Insisto, ¿cómo cultivarles el placer
por la simplicidad de Giorgio Armani -por ejemplo y como concepto- en la haute
couture, o por las líneas netas en arquitectura?
- Es difícil, porque hoy -en detrimento del ser- tenemos
la estética del mucho tener, cuyo caso extremo es el kitsch.
- Entonces flores silvestres y jazmines no les gustan,
porque no son caros
- Bueno, pero que una orquídea cueste más que una margarita es
una arbitrariedad del mercado, y no de la naturaleza. Fíjese que una
vez fui a los Altos Hornos de Zapla, a hacer unas pinturas. Había grandes
extensiones de residuos de fundición y pilas amontonadas de una especie
de vidrio cortante de un color gris amarronado, que se mezclaba con el óxido
de hierro del paisaje y
- Era una visión ingrata
- No era nada amable, por cierto. Pero, de tanto en tanto, aquí y allá,
se levantaba del suelo una florcita azul-celeste muy pequeña, que iluminaba
-como un trocito de cielo- aquella desolación. A lo lejos, estallaban
los lapachos en flor. Y todo: escoria, florcita celeste y lapachos en flor,
eran necesarios.
- Síntesis de belleza y placer. Como Mozart,
Bach, Brahms, Gluck
¿qué me dice de U2, Peter Gabriel y Luis
Alberto Spinetta?
- (No duda) Mozart, Bach, Brahms y Gluck, dialogan con Dios. Y obtienen de Él
respuestas misteriosas, resplandecientes de belleza, que durarán lo que
dure el hombre. Peter Gabriel, U2 o Spinetta, son el reflejo de nuestro mundo:
su forma de música revela la poesía angustiada de una época,
que obliga al hombre a una dolorosa cotidianeidad.
- ¿Sin la sonrisa que había nacido en
Creta?
- Sí, pero
es que después de aquel nacimiento, los romanos
empezaron a aparecer en sus esculturas con los ceños fruncidos. Había
comenzado el designio de la modernidad: habían perdido la sonrisa. Y
es cierto que en el 1500 Leonardo la recuperó, pero ya no como un canto
al sol y a los sentidos. Era una sonrisa enigmática, reflejo de quién
sabe qué profundidades de la psiquis. Ya ve
de una civilización
o de una cultura, queda lo que ella es capaz de simbolizar. Y para eso está
el arte.
- Pero lo que hoy llaman arte, no tiene
ni la plenitud, ni la alegría de la sonrisa griega
- Es verdad, y si dejo de lado la alegría histérica que quieren
vendernos ciertos medios de comunicación, concluyo que el arte -en general-
hoy es torturado y dramático.
- Qué fortuna sería si, en cambio, el
arte -la pasión de la totalidad, según Rilke- fuera
tapa de los diarios, ¿no?
- (Juega a que se entusiasma) ¿Si dijeran por ejemplo: El secreto
de la vida está en el arte?
¿qué le parece un
titular así? Pero
¡no soñemos! La realidad es que el
arte está en primera página, sólo cuando se compra o se
vende caro. ¿Y sabe por qué?: porque padecemos un materialismo
ordinario y abrumador.
- Los placeres de los sentidos parecen más
importantes que los del espíritu
- Mire
para mí, el ser humano es una unidad indisoluble. Sin embargo,
es un lugar común poner por encima los valores del espíritu, aunque
no se hable del espíritu ni siquiera como lugar común.
- Cuánto alborozo si, en cambio, leer fuera
como respirar, si nadie se cancelara el corazón y si comprendiéramos
que el conocimiento es luz
- (Hace un silencio corto) A ver si recuerdo aquella fábula del emperador
chino, cuyo reino padecía crímenes y otros horrores. Sí
creo
que sí: recurrió al hombre más sabio y éste le aconsejó
que obligara a sus súbditos a estudiar gramática. Si conocen
el sentido de las palabras -le dijo- tendrán conciencia de los actos
que cometen. ¿Ve? Si leer fuera como respirar y se aprehendiera
que el conocimiento es luz, entonces todos serían responsables. Y vivirían
con placer.
- ¿Y a usted le da placer ver a una mujer bella?
- Bueno, muchas palabras
usted sabe, perdieron su significado. ¿Qué
quieren decir hoy transparencia o justicia, por ejemplo? ¿Y qué
significa belleza? Yo, le decía, le asigno el valor de lo trascendente,
pero este mundo nuestro se funda en lo intrascendente y de fácil consumo.
Entonces, permítame que hable de mujeres lindas
o hermosas, a las
cuales distingue la estética que impone la época.
- A ver, ¿Kate Moss, Stella Tennant, Noemí
Campbell, Tyra Banks o María Inés Rivero son bellas?
- Sólo las conozco por la televisión o por revistas, que las muestran
estéticamente hermosas por sus proporciones y su gracia. Pero, para saber
si son bellas, necesitaría completar su imagen: saber cómo piensan,
hablan y sienten. (Cortés) ¿Comprende por qué no puedo
satisfacer su curiosidad?
- Usted, como Van Gogh, prefiere los rostros
arados por la vida, donde late la vida
- Sí, porque llevamos escrito lo que somos, gracias a esos surcos que
la vida nos deja. Pero Van Gogh era un místico y veía la mano
de Dios en todo lo que hay sobre la tierra, incluyendo a los hombres. En mi
caso, como pintor, acepto todo lo que la naturaleza me propone, hombres e historias
incluidas. Y en lo personal respeto a los hombres con sus historias, aunque
muchas veces no esté de acuerdo con ellas.
- Por suerte, la vida siempre tiene historias y paisajes
nuevos, para deleitarnos, ¿cómo imagina el suyo?
- Mire, un jarrón con flores, una cesta con uvas o una taza, dispuestas
de cierta forma en una mesa, son un paisaje. Pero en la taza, algunos verán
sólo un recipiente y otros un templo griego. Porque lo que elegimos para
mirar, es lo que somos.
- Y usted ve el templo griego
- En realidad, mi manera de mirar es cambiante. Hoy, por ejemplo, ordeno los
objetos que me sirven de modelo, como paisajes que vi en el Sur de Italia. Una
jarrita blanca es una columna griega; las flores azul profundo con hojas verde-negro,
son aquellos mares y aquellos pinos oscuros; y algunos ladrillos, son la terracota
de algún pequeño poblado de Sicilia. Pero todo está bañado
por la luz de la ventana alta de mi estudio, que ya no es la de Buenos Aires:
es la luz de un recuerdo.
- Su paisaje de regocijo es la imagen
de su búsqueda
- Mi paisaje -como usted dice, la naturaleza muerta- es el paisaje
de un paisaje del cual quedaron atrapados en mi inconsciente, misteriosos fantasmas.
- ¿Y así como lo piensa, le da placer?
- No es una experiencia placentera o no: es inevitable.
- Recuerdo su deslumbramiento por Las Meninas,
de Velázquez, ¿ver, sentir y penetrar esa obra, es equiparable
a otro goce?
- Mire, el hecho de que existiera un Velázquez, redime a la especie humana
y eso es más importante que sentir o no placer (Roux es el
placer cuando lo dice).
- Entonces, si como escribió Borges a veces
se llora por todas las cosas que merecen lágrimas, ¿Las
Meninas merecen deleite?
- Sí, pero
¿usted recuerda que Borges dijo también
que la luz es la sombra de Dios?
- Sí
y por eso existe la poética
de Brujas, y el misterio de Praga, y el arte y el sentido de República
que aletean en París, y
¿cómo asimilar tanto prodigio?
- Dejándonos llevar. Pero claro, usted me habla de Praga, de Brujas,
de París, de lugares con dos mil años de historia
(con pasión)
¡y de qué historia! ¡Es nada menos que la cultura de Occidente
que desfila ante nuestros ojos!
- ¿Y nuestra cultura?
- Creo que -ética y moralmente- no pasamos por un buen momento. Pero
esto no da motivos para que individualmente nos unamos a la comparsa. Podemos,
como mucha gente que lo hace, dar un paso al costado, verla pasar y vivir nuestra
propia alegría.
- ¿Una alegría con burbujas, como las
del champagne?
- Mmm
como dice el clásico italiano Cucchiaio dArgento,
a este vino tan cuidado y deseado hay que verterlo siempre despacito
y
es mucho mejor el vaso largo en forma de cáliz, esos que los franceses
llaman flùte
(Apolíneo en la expresión oral,
lo percibo dionisiaco para sentir) ¡Claro que la alegría tiene
burbujas! Burbujas de alegría, burbujas de champagne = momento de amor.
- Como destellos
si pensamos con William Blake
que una chispa contiene todo el infierno, ¿qué cosa
contendrá el cielo todo?
(Con certeza) Aquella florcita azul celeste que en medio de la escoria, iluminaba
el cielo.
Enero 1998
© Copyright Cristina Castello
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