Palabras…plenitud…alba. No dicen nada. No hay una palabra para definir el amor. Celebración del silencio. Escuchar “te amo” enciende la resonancia del verbo. Y decirlo, tiñe el lenguaje de azul. Porque azul es el color del amor (Cristina Castello)


Amor. Enfermedad incurable. Reencuentro con la inocencia original. Víspera y encuentro. Debilidad de las almas fuertes. Ética pura. Posibilidad creadora. Gozo y dolor: hasta el hueso, ambos. Con eternidad por sustento y poesía, por deber. Es la gran utopía. Pero hay que ser capaces de soportar su “peso de alas leves”. Y nos hace seres-humanos. O no.
Es así. Porque si despojamos a todo, de todo ropaje hasta llegar a la esencia, la vida se reduce a amar o no amar. Es una elección.
Quienes escogen la negativa, vuelan a ras de tierra. Ignoran el cielo y el cielo no los irrumpe, ni se cuela en sus sueños. Porque no tienen sueños. Son su propia ausencia. Sin fibra. Sin ojos en ascenso. Son su mismísima sombra. Piedra. Gesto aterido. Son el simulacro de un ser humano. Nada. Como escribió William Blake, ver el amor los asusta porque está lleno de fuego.
Aquellos que eligen la positiva, pueden vivir abismos de búsqueda, o caer al abismo. Pueden transpirar sueños desolados, desamparados, luchados. Pueden tener sed y sentir que no hay ni agua, ni lluvia, ni gota, ni rocío. Pero el manantial está en ellos, porque saben amar.
Desde la primera poesía del mundo, todos los poetas cantaron al amor, en sus diversas manifestaciones. Y, como -según Balzac- “el amor es un poema eternamente personal”, cada uno que sea capaz de sentirlo encontrará la estrofa, donde su identidad se recree. Prevert, Auden, Hölderlin, Sor Juana, León Felipe, Pessoa, Elliot, Lorca. Y hay tantos, tantos más…por piedad de Dios, con quienes queremos ejercer como seres-humanos. Tantos más y el inmenso Paul Eluard. “Te quiero como se nace”, escribió. Irremediablemente. Porque, por suerte el amor es implacable. Y tiene poder (C.C.).


- ¿Cuál es el poder del amor?
- Inmenso. (Sonríe) Y tiene una mala relación con las matemáticas. No sabe de números, sabe de infinito. Da sentido a la vida y hace una oposición entre la luz y las tinieblas.

- ¿Con piedad infinita nos hace más buenos?
- Sí…¿y sabe por qué? Porque nos aleja de la indiferencia, que es lo más próximo a la muerte. Por eso quienes son incapaces de amar, también son incapaces de recibir amor: habitan un yermo. Y en lugar de ocupar con flores su propio espacio, lo cargan de rencor, agresividad y violencia.

- ¿Amar es aprender a ser uno mismo, olvidándose “en” el otro?
- Sí, porque estar enamorado significa -desde el punto de vista psicológico- vaciarse en el otro. Es una manera de escanciar -como al buen vino- todo lo que hay en el alma de uno, en la persona amada. Entonces puede pensarse que uno se queda vacío. Pero no. Porque ese odre debe llenarse con el vino amoroso que proviene de la otra parte. Y es en ese intercambio, donde se produce la unión.

- Entonces, usted coincide con Malcom de Chazal, para quien el amor es redondo y por lo tanto, cuando uno ama da una vuelta y retorna a uno mismo…
- (Convencido) ¡Claro que el amor es redondo! Pero además, tiene círculos concéntricos -en el sentido de Aristóteles- que se amplían, y que abarcan los círculos internos. Quiero decir: amamos al mundo, al país, al barrio o a la familia, porque -desde que nacemos- estamos inmersos en el clima de amor, que en primer lugar da la madre y que luego se extiende a otros ámbitos.

- ¿El amor nos permite ver la vida como poesía y no como prosa?
- Sí, porque la vida puede ser un hecho poético. Y todo (con alborozo) puede contener poesía: una prosa, una escultura, un amor o una música.

- Pienso en esos pueblitos de Holanda donde parece que ni el aire se mueve, y de golpe y cada vez más fuerte tañen las campanas. Entonces despertamos. ¿Será así la música del amor?
- Claro, usted está describiendo un hecho externo, pero… ¿sabe? La persona enamorada va por cualquier lugar, por árido que sea, y siente que suenan campanas…¡pero suenan en su interior! ¿Ve? Eso y no otra cosa, es el amor.

- Pero hay una música para cada uno: un adagio o el clímax de algún instante de ópera, el de “La muerte de amor de Tristán e Isolda”, por ejemplo, ¿cuál es, para usted?
- (Sonríe) Ahora pienso que la música más grande de todos los tiempos, todavía no nació: sería la que uniría la riqueza creadora de Robert Shumann y el talento para el desarrollo -aún del tema más baladí- de Johannes Brahms. Bueno…pero antes mi “pinacoteca musical” no era tan vasta como ahora; y en mi adolescencia, por ejemplo, viví enamorado de Chopin y de Beethoven. Porque uno expresaba el amor (romántico) y el otro era un apasionado por la libertad.

- Amor y libertad, fueron, precisamente, los ejes de la poesía de Paul Eluard. Es curioso…su poema más conocido debió llamarse Nusch, como su segunda esposa, quien se lo había inspirado. Sin embargo, en el último verso él escribió “Libertad”. Confundió a la mujer amada, con su más noble anhelo. ¿La entrega amorosa, paradójicamente, resguarda la identidad personal?
- Sí, porque si bien un amor pleno es aquel que enlaza a un alma con otra y a un cuerpo con otro, todo esto tiene que ocurrir en absoluta libertad. Si no, con exigencias y compulsiones, el amor no puede funcionar y con vínculos posesivos, sólo se consigue sabotearlo. Y apagarlo.

- También es peligroso el tedio de la cotidianeidad, ¿el desafío es poblarla de magia?
- (Apasionado) No es sólo un gran desafío…¡diría que hasta es ético que cuidemos nuestra cotidianeidad! ¿Es que es posible olvidar que el enamoramiento tiene una cuota de aventura, de sorpresa, de misterio y de suspenso, que lo hacen más bello?

- Dicho en otras palabras, el amor es un best seller…
- (Ríe, divertido) Es más grande que un best seller…¡es inagotable!

- Sin embargo, es común que artistas o genios, no sean capaces de amar a una pareja. Como si los distrajera de su gran misión…
- Sí, la gran pregunta es si estos amores no logran satisfacer por completo al creador -precisamente- para que el conflicto sea el combustible de la creación. En una palabra, que la ausencia de una solución, opere como un estímulo. (Piensa largamente) Esto…por supuesto, es un tema bastante enigmático.

- Ponen la libido en el arte: esa amante tan exigente, que quiere al hombre todo entero, según Miguel Angel…
- Claro…eso se llama sublimación: la fuerza que se vuelca en manifestaciones socialmente útiles. Y el arte lo es, porque de una obra disfrutan miles o millones de personas, lo cual no pasa con un amor.

- Y sin embargo, arte y amor redimen la vida…
- Sí, ambos contribuyen a consolarnos. Por suerte, porque los seres humanos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, pero -a diferencia Suya- no somos inmortales. Y nos desconsolamos. Entonces el arte nos calma, nos eleva y enriquece, porque nos brinda belleza; y el amor hace lo mismo, pero con mayor intensidad. No nos provoca ese delicado ajuste que nos causa el arte, pero nos hace vivir en estado de júbilo: abrasa nuestros sentidos.

-Me recuerda que las novelas del siglo XVII llamaban coup de foudre a los sentimientos fulminantes y sin posibilidad de defensa, ¿es así el amor?
- Es así, cuando no es sólo un resplandor, cuando es fulminante de verdad. Entonces (se ilumina) se produce un incendio de amor.

- Como cuenta Stendhal. Según él, la doncella Guillermina se sintió tan aturdida, desordenada y presa de sentimientos irresistibles hacia el príncipe Fernando, que llegó a pensar que estaba…¡envenenada! Más que incendio, ¿no?
- (Ríe, generosamente) ¡Un incendio absoluto! Sin embargo, no todos tienen acceso a semejante fuego. Algunos, porque no encuentran el amor que lo desencadena y otros porque lo “actúan”. Estos, incluso, compran amor de prostitutas y, así, simulan que lo tienen. Es como el individuo que tiene mucho hambre y come pan duro, pero se imagina que saborea un manjar.

- ¿Y quienes no corren el riesgo del amor? Seguramente no sufren, pero no les “pasa” nada…¡ni la vida!
- Claro, porque el amor implica riesgos -que se termine, por ejemplo- pero también significa renuncias y compromisos. Y quienes huyen de esto, no se enamoran. Entonces, es verdad…pueden no conocer el infierno de un amor que termine mal, pero tampoco acceden al paraíso.

- A propósito, ¿Clinton y la Lewinsky…acceden al paraíso?
- (Divertido) ¡No, no! Ellos simulan el amor, para tener otros placeres.

- ¿Los grandes nombres del poder no son capaces de amar?
- Mire, el poder opera como una llama. Quema primero y tuesta después. Es una especie de embudo que va chupando hacia sí, al resto de las demás cualidades, virtudes o deseos. También al amor.

- ¿Se ama el poder?
- No, el poder causa fascinación, no amor. Es uno de los mecanismos más fuertes que dominan al hombre: incluso pretende que el amor sea su siervo.

- La contrapartida, la cara del amor, fue Cristo, ¿quién siguió su ejemplo?
- En realidad, la dimensión sublime de Cristo no admite comparaciones. Pero tenemos casos como el de Mahatma Gandhi, con su resistencia pacífica y su vida austera, o el de la Madre Teresa. O, sin ir tan lejos, el de muchas madres que brindan extraordinario amor y renunciamiento a sus hijos.

- Claro, el amor al hijo es un amor sin calificativos, sustantivo puro…
- Sí, es el absoluto, el paradigma del amor.

- Y “La piedad” de Miguel Angel es la imagen de ese amor…
- Es la cara del dolor de madre, ante lo inaceptable.

- Condición contradictoria la humana, ¿cómo ama un asesino?
- A través de la escisión de su yo. Torturadores y asesinos, son personalidades que pueden llevar varias vidas a la vez. Pueden sembrar muerte y desolación a poblaciones enteras y -al mismo tiempo- ser buenos padres de familia.

- ¿Son el colmo del desamor?
- (Firme) El colmo del desamor son los genocidas.

- Como antídoto, pienso en Claude Monet y en la fruición con que cuidaba sus nenúfares (ninfeas), que hoy nos descubren el mundo desde sus cuadros. ¿Su dedicación era amor?
- Seguro, porque el cuidado es amor. Y el amor tiene que manifestarse primero hacia uno mismo, para no vaciarse y para tener después, algo para dar. Para poder cuidar a los demás. Incluso Jesús -esto está en mi libro con Monseñor Laguna- tuvo un gran amor por sí mismo. Porque si él no hubiera sabido cuánto valía, cuánto llegaba su voz y que su ejemplo trascendería, no hubiera provocado semejante ola de amor, a lo largo de la historia.

- ¿Amarnos para amar, dice usted?
- Eso digo.

- Quizás si tuviéramos conciencia de nuestra vulnerabilidad, el amor nos haría también solidarios, ¿verdad?
- Sí, y no existirían las personas egoístas, quienes ponen todo en sí mismas y se marchitan en su pobreza…¡trágica! Parecen ignorar que -aunque puede haber eclipses o largos bloqueos- la capacidad de amar jamás se agota.

- En cambio, se recrea…
- Sí, al enamorado le interesan momentos del día, objetos, plantas y lugares, que antes le pasaban desapercibidos.

- Se le multiplica la capacidad de goce de lo bello…
- Claro, entra en contacto con las moléculas y con los átomos que integran el mundo y entonces crece su identidad, según hablábamos antes. Es como si los brotes que tenía cerrados sobre sí mismo, desplegaran sus pétalos.

- “…Quiero sacar de tí tu mejor tú, ese que no te viste y yo te veo…” escribió Pedro Salinas, ¡ese es el poder del amor!
- (Complacido) Sabias palabras de Salinas: esa es la síntesis.

- A ver…imaginemos un lugar para el amor: junto al fuego de una chimenea, en la Ìle de St Louis de París, o en una cabina telefónica…
- Yo creo que cualquiera de esos lugares es válido, pero… buscar uno adecuado, nos llevaría a la artificialidad. No olvide que hubo escenas conmovedoras en los bunkers y en medio de las bombas. Porque a cualquier lugar, el amor le da una potencia y una originalidad mucho más grandes, que a una playa tranquila y(se divierte) con apacibles cocoteros que alguien inventara.

- Y entre cocoteros, sintiera la obligación de ser feliz sin saber cómo, ¿no?
- (Ríe a carcajadas) Sí, sería muy kitsch.

- Entonces si amar hace visible la hermosura, ¿el amor es un deseo de belleza?
- Sí, sí, pero es que…¡el amor es belleza!

- ¿Y la amistad?
- Sería un subrogado del amor, el vínculo erótico sin culminación sexual.

- Pero con la delicadeza del erotismo…
- Sí, porque el erotismo es un sexo enriquecido. Es la extensión de la genitalidad a toda la mente y a todo el cuerpo. Es el sexo unido a la fantasía, a la cultura, a la palabra, al juego y al refinamiento.

- A ver, por favor: su perfil de una mujer para amar…
- (Piensa sólo un instante) Tiene que producir admiración por su forma de ser, de comportarse, de hablar y de pensar y…

- ¿…Y ella tiene el aroma de flores silvestres, o del desayuno?
- Mire…hay una fijación cultural que vincula el amor y el aroma de la rosa. Yo hablaría del perfume del café y…(cálido) disculpe, déjeme seguir con mi perfil. Tiene que ser alguien que cuando manifieste sus sentimientos, haga aletear la poesía. Y que escuche con interés y se exprese con calidad y…

- ¿Podría dibujarla?
- No, lo intenté de adolescente. Pero aquellos dibujos buscaban una hondura que va más allá de lo físico: no puede trazarse en el papel.

- Pero puede pintarse, ¡el amor tiene color!
- (Con certeza) Sí, el amor es azul, como el mar. Y, como el mar, es inmenso. E infinito, ya le dije.

© Copyright Cristina Castello

Agosto 1998
Revista “Plaza Mayor”

 

 

 

 





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Marcos Aguinis

El amor es azul

Por Cristina Castello.

 
           

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