(Nótese que esta entrevista tiene fecha 05 de abril de 1984. Si no, no podrá leerse correctamente)
Monseñor Antonio José Plaza.
Para quienes la vida del prójimo, que para ellos
no es prójimo, se juega en una mesa de dinero o de tortura, él
es un personaje polémico.
Para quienes la vida es Belleza. Manos. Amor. Nido.
Ángeles. Dios. Arte. Alegría. Bien Común.
Para quienes la vida es Universo todo en comunión,
Monseñor Antonio José Plaza es una máscara de horror.
Ligado al genocida militar Ramón Camps, siempre se dijo que, a su manera,
gobernó la provincia de Buenos Aires.
Manera. Modo. Forma. Estilo.
Pienso en manera-modo-forma-estilo. Para creer. Crear. Construir. Soñar.
Acariciar. Ayudar. Amparar.
Para disparar gaviotas que hilvanen estrellas.
Para dibujar ternura en la mañana de a dos.
Cuando el amor se recrea en tostadas crujidas con ojos de tanto amor.
Como antes del instante vértice del despojamiento y la entrega.
De la entrega para la libertad.
Monseñor -¿monseñor?- monseñor ríe ¡ríe¡
Ríe que muchos desaparecidos se desaparecieron entre ellos.
Ríe y el enorme Víctor Hugo del Hombre que ríe
le hubiera parecido subversivo .
Ríe que al Padre Hapon no lo mataron los genocidas, sino que se fue al
Sur. Niega haber dicho a Amnesty Internacional que en Argentina no había
detenidos políticos.
Después, ante la evidencia, ríe., ríe. Ríe, en su
máscara de horror.
Quiera Dios que esta entrevista consiga con los años, que algún
un corazón grite, susurre, clame.
Para que
Nunca Más.
Nunca Más.
Nunca Más
(Cristina Castello)
Rayos X
Es arzobispo de La Plata desde 1956. A partir de entonces tuvo influencia en
el ámbito educativo de algunos gobiernos provinciales. Se lo vinculó
con el Banco Popular de La Plata, liquidado por el Banco Central en 1964.
Desde el 11 de noviembre del 76 hasta el 30 de diciembre de 1983, fue
capellán general de la Policía de la Provincia.
De la más genocida policía del genocidio, junto a la de Tucumán
y Córdoba.
Tuvo jerarquía de Comisario General.
Le dio el cargo el entonces Jefe de Policía.
Ramón Camps. Nombre que acecha el alma.
El arzobispo y el hombre que acecha el alma se hicieron amigos.
Y Plaza se ufana de ello.
De su amistad con el asesino (C.C.)
El hombre que ríe
Para llegar a él me acompaña alguien. Parece
un parapolicial.
Me lleva por pasadizos y sótanos. Inquietantes. Intimidatorios.
Cuando llego a su despacho, sonríe. Como un cura bueno. Como un padrecito
de pueblo que tuviera a Dios en él.
Como si de verdad fuera un ministro de Dios.
Elude temas pero se refiere a otros, sin que medien mis preguntas.
Por ejemplo y con cara de inocente: A ese cenicero me lo regaló
Graiver (¡!)...es un amigo.
El arzobispo de La Plata me soporta, como si estuviera contento con mi entrevista.
Cargada de información y de preguntas.
Desde el fondo de mi amor a la vida y del sentido del deber, pregunto.
Siento en mí la muerte y/o los horrores de todos mis hermanos humanos,
a quienes nunca conocí. Pero eso: eran seres humanos.
El hombre que ríe no se altera. Se muestra cordial y quiere seducirme
con la charla.
No entiende que lo mío son valores, nota mediante o no.
No sabe que los valores contienen el concepto de la existencia como hecho trascendente.
Y que son inmodificables.
No entendería que mi estrella es la proa visionaria de José Ingenieros.
Me ve tan joven y lo dice. Y por eso me cree vulnerable a su risa de máscara.
Ríe que cree en Dios.
Diferentes dioses los nuestros. No entiendo de dioses con pulsión de
muerte.
Pero él ríe. Y parece que yo tiro con granadas: las preguntas.
Y él con pétalos de rosas.(C.C.)
- Monseñor... ¿Qué me dice de
la democracia?
- Y...yo vivo tranquilo, pero parece que el pueblo no. No está acostumbrado.
-Ahora hay destape. ¿Qué le parece?
-Que es una porquería. Aunque personalmente me importa un cuerno, como
pastor de esta comunidad no puede agradarme.
-¿Por qué?
- ¿Usted estudió la historia de Roma y Cartago? Bueno...los cartagineses
cruzaron los Alpes, llegaron hasta las puertas de Roma y se dedicaron a la dolce
vita.
-¿Y entonces?
-Entonces los romanos los echaron porque con ellos había llegado la degeneración.
Estos y aquellos, o los unos y los otros
-El país sabe hoy de qué manera se violaron
los derechos humanos durante los últimos años. ¿Qué
piensa de eso?
-Creo que dar tanta difusión a esos hechos puede ser contraproducente.
Si lo que queremos es levantar el espíritu sería mejor hablar
de lo bueno.
-¿Qué de bueno tuvo el proceso?
-La idea fue buena, muy buena, aunque evidentemente la forma de ejecutarla no
fue la adecuada. Pero... yo no quiero hablar de eso. Mi tarea está referida
al orden espiritual; muchos trabajadores vienen a consultarme y también
lo hacían muchos señores como (el General) Viola y compañía.
-No me dijo cuál fue la idea buena...
-Y ...querían restablecer la Constitución y la libertad. El país
estaba desordenado y ellos querían hacer las cosas bien. También
éstos (por el gobierno del doctor Alfonsín) tienen ideas buenas
pero aquéllos tomaron por un camino y éstos por otro...¡y
está bien¡
-El camino de aquéllos fue terrorismo de Estado
y el de éstos la Constitución...
-.....(Monseñor ríe con efusividad).
- ¿De qué se ríe?
- Porque son iguales...(burlonamente): ¿Usted cree que ahora hay libertad?
- No convivimos con la muerte, ni con la desaparición
forzada de personas, ni con la tortura, ni...
-¡No, no, no!... Para muchas cosas había antes mayor libertad que
ahora.
- ¿Para qué cosas?
- No me haga hablar, no me haga hablar...
- ¿Cómo que no? Usted está defendiendo
la dictadura...
-¡Qué dictadura ni dictadura! No me haga decir eso a mí,
yo hablo de la idea del proceso. He discutido con el General Viola
estos temas porque siempre quería hablar conmigo cuando era comandante
y también cuando era presidente.
-¿Y con Jorge Rafael Videla?
-Lo vi dos veces, nada más...¿qué quiere que le diga con
tan poco?
- Hablamos del responsable de desaparición de
niños y adultos, de torturas y actos que ni los animales harían...
-Lo que pasa es que aquéllos que vulneraron todo desde el principio,
se organizaron, organizaron actos y mataron gente, ahora son considerados héroes.
Y bueno... ¿Qué hubiera pasado si quedábamos en manos de
los subversivos? ¡Imagínate!...¿Qué hubiera sido
de nosotros?
- ¿Defiende el terrorismo de Estado?
-No.
-¿Y las torturas?
-No.
- Tenemos treinta mil desaparecidos, Monseñor:
Le hablo de vidas.
- -¡Vamos...! No sé si son tantos y además hay muchos que
se desaparecieron entre ellos. No podemos decir ahora que los subversivos son
todos santos inocentes. ¿Usted conoce a Patricio Kelly? Yo lo conozco
mucho: cuando él cayó preso en el 55 o 56 tenía
dos hijos adolescentes y yo lo protegí. El escapó y fue a Chile,
después lo trajeron de nuevo acá y lo fui a ver porque me lo pidió.
Conozco bien a Kelly y le aseguro que no es el indicado para decir ahora algo
de alguien y que por sus palabras- a ese alguien lo metan preso....bah...bah...
-No hablo de Kelly, Hablo del testimonio del genocidio:
tumbas N.N, torturas y cuerpos que nunca aparecerán??
-Me parece muy mal....¿Qué quiere que le diga? Pero yo recién
me entero.
- Quienes quisimos enterarnos, por deber humano, nos
enteramos....
-¿Sí?...Era gente muy inteligente.
-Si se encuentran culpables... ¿Qué
se debería hacer con ellos?
-Ah... Yo no puedo juzgarlos.
-¿Se acuerda de la ley de olvido que propuso
monseñor Quarracino?
-Sí. Él es un gran obispo y no voy a contradecirlo nunca...Ni
a él ni a ninguno de mis hermanos.
- No me dijo qué piensa de la ley de olvido...
-Ya lo he dicho y no soy un reloj de repetición.
- Usted dijo que hay que olvidar lo malo. Pero los
criminales son un peligro para la República. ¿Y usted, ministro
de Dios no le da importancia?
- Bah, bah.... muchos de los que dicen eso tendrían que poner al día
su conciencia con Dios. Pero además no soy juez y no puedo opinar....¿Qué
me quiere hacer decir? Mire...Tome... voy a regalarle un catecismo: es el que
le dábamos a la policía. Léalo...¡A ver si le hace
bien!
Los sacerdotes y los torturadores
-Qué actitud asumió con los sacerdotes
que estuvieron detenidos?
-Acá, en La Plata, no había ningún detenido.
-Me contó un sacerdote español que
salvó la vida por ser extranjero- que él estuvo en la cárcel
de La Plata y...
-Ah... No sé... Nunca fui a la cárcel.
-Dijo que el padre Callejas que era capellán-
compadecido de los presos políticos, les pasaba dinero extraoficialmente
pero...
-Ah... No sé nada, eso es cosa de él....¿por qué
no lee el catecismo que le regalé?
-Monseñor: el curita español me dijo
también que cuando los militares se lo comentaron, usted destituyó
a Callejas.
-¡Mentira, mentira!... Calleja murió en diciembre y era canónigo
de la Catedral de La Plata.
-¿Y qué me dice del padre Hapon?
-Y bueno... El padre Hapon se fue al Sur. Pero...qué lindos ojos tenés....
-¿Por qué se fue?
-Porque se enamoró de una mujer ahhh, la culpa siempre la tienen
las mujeres- y se casó. Pero...Te di el catecismo, no lo lees y estás
como reloj de repetición: preguntás y preguntás. Te digo
un piropo y seguís nomás...¡Tomá un caramelo!
- Monseñor: el Padre Hapon cobijó en
la Iglesia a una pareja perseguida por la represión y...
-Yo no sé nada de eso....
- ...Y cuando los militares le pidieron a usted la
cabeza del padre Hapon, lo dejó solo. Le negó protección:
era condenarlo a muerte....
-No señor, no señor. El se fue al Sur, allá puso una escuela
y se casó... Tampoco lo maté yo.
-No lo veo a usted matando directamente a alguien.
-No, no mato: ni directamente, ni de ninguna manera.
- Pero usted dijo una vez que no sólo
es culpable el que roba una escalera, sino el que la sostiene para que otro
lo haga.
- Sí, si ..,¿cómo sabe tanto de mí...es de los servicios?
(Monseñor ríe y ríe) Sí, si usted va a robar y yo
sostengo la escalera, soy tan culpable como usted.
- - ¿Acepta su culpa?
- Ah, no, Cristinita.....yo no le sostuve la escalera a nadie. (Busca algo en
la parte baja del escritorio)....¿Querés un whisky?
- No, gracias ¿También los obispos mienten?
-Los obispos podemos equivocarnos porque somos seres humanos.
- Equivocarse no es lo mismo que mentir. ¿Cómo
es que usted no sabía que había campos de concentración?
-No sabía.
-Había...
-Ah...No sabía...Mirá vos....pobrecitos, ¿no?
-Y había detenidos sin proceso...
-Ah... (intenta cara de inocente)...Pobres...¿a vos te dan pena?
-A usted le llegó una solicitud de la Amnesty
International del 9 de julio de 1978. Tenía la firma de su presidente,
Scott Hoffman. Era un pedido de informes, al cual usted respondió: Aseguro
que en la Argentina no existen detenidos políticos...¿se
arrepiente ahora?
-Yo no he dicho eso...
- ¿Y qué me dice de esto (le muestro
una fotocopia del pedido de informes y de su declaración)?
- Y bueno, sí....¡Ay que chica preguntona¡ ...Sí,
yo sabía que había presos a disposición del Poder Ejecutivo.
Claro... pero no iba a verlos, porque iba el capellán.
- ¿ Y cuál fue la actitud de los capellanes
respecto de tanto crimen y tortura?
-Los capellanes cumplían las funciones naturales: les daban auxilio espiritual.
- ¿Ve? Reconoce usted que sabía de la
tortura y la muerte...
- Yo no reconozco nada
-¿Por qué nunca los capellanes levantaron
la voz para defender el derecho a la vida?
-Y... ellos cumplían con su deber y el deber sagrado del sacerdote es
no comunicar las cosas. Son secretos de oficio...
-Lo que usted dice burla el sentido común y
el respeto a la vida. ¡Cómo no van a hacer nada si ve que matan
o torturan?
-Usted está hablando de una cosa hipotética.
-Estoy hablando de las cárceles que usted reconoció
que visitaban los capellanes...
-No me consta que las visitaran. Ellos iban a la Unidad 9 de acá (La
Plata, provincia de Buenos Aires). Ahí había presos políticos
que estaban a disposición del Poder Ejecutivo.
-Estamos hablando de lo mismo y hace rato reconoció
que daban auxilio espiritual....
-¿Y qué? ¿A usted le consta que lo torturaban?
- Mire, se sabe que mientras torturaban a alguien,
había siempre un sacerdote... (A esta altura el padre Andrés,
secretario de monseñor Plaza y accidentalmente en el lugar, hace exclamaciones
de horror.)
-No, eso es mentira, es una infamia.
- Se dice también que en el 76 se reunieron
diez capellanes para establecer si correspondía o no dar la absolución
a los ejecutores de la tortura. Y nueve nueve ministros de Dios- votaron
por la afirmativa. Excomulgan a quienes se divorcian y bendicen a los torturadores....
- No sé nada de eso, es la primera noticia que tengo. Pero le hago saber
que si alguien se arrepiente y promete no hacerlo más, hay que darle
la absolución.
-¿Cómo si hubiera cometido cualquier
pecado, cómo si hubiera dicho una mala
palabra?
- No hay malas palabras, pero... (se ríe)... hay apellidos que parecen
una mala palabra.
-¿Cómo cuál?
-Como (el Canciller Dante) Caputo (ríe y ríe.)
Las manos con sangre del general Camps
- Cuénteme de su amistad con Camps...
-El era el jefe de policía y yo capellán general; lo conozco desde
que era Mayor. Pero... amigos... la amistad... yo puedo decir que tengo amistad
con una persona, pero no que sea amiga mía.
-Le recuerdo sus palabras: Yo soy amigo de Camps
dijo usted- pero no es ningún delito. ¿Qué
afinidades les permitían ser amigos?
-Esas son macanas que ponen en mi boca. Usted puede pensar lo que quiera, pero
yo digo la verdad.
-Usted dijo en una ocasión que vio a Camps
con sangre en las manos. ¿De quién era esa sangre?
-El venía de un operativo, de un enfrentamiento con guerrilleros y de
ahí vino a verme a mí. Trajo sangre en las manos, sí señor.
- ¿Y no le preguntó, reprochó,
denunció?
- ¿Y por qué iba a denunciarlo?
- ¿Y llama enfrentamientos a secuestrar personas
de madrugada, incluidos niños?
- Sí, sí, sí, y el policía que estaba al lado de
Camps cayó herido.
- Monseñor... Defender la represión
es defenderla....
-Eso no es cierto. Ya lo ha dicho el arzobispo de San Juan: hay una confabulación
para hablar mal de mí.
-¿Por qué no sale al cruce de esas versiones?
-Porque yo lo he dicho una vez y porque no soy reloj de repetición.
-¿Qué hizo usted como hombre de la Iglesia,
por los perseguidos?
-Todo lo que debía pero no puedo hablar de eso.
-¿Qué opinión le merecen las
organizaciones de derechos humanos?
-No actúan con sinceridad. ¿Usted cree que Ernesto Sábato
es sincero en todo? (Monseñor ríe a carcajadas.) Pero Sábato
comía con Videla, ¿no? (ríe como si le hicieran cosquillas)
Muy bien, usted es muy linda y muy simpática, pero esto se terminó.
- ¿Usted no cree en la CONADEP (Comisión
para investigar la desaparición forzada de personas)?
- No....esa es una comisión inútil... está hecha a dedo.
- Hábleme de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo,
por favor...
-No quiero hablar de eso. Se acabó....¿quiere un café,
linda?
-¿No le parece significativo que nunca hayan
acudido a usted en busca de su consuelo?
- No, porque lo tenían en otro lado, bah...
La polémica amistad de Herminio Iglesias y Monseñor
-¿La Iglesia descuidó el aspecto espiritual
por el poder político?
- No. Nosotros tenemos una Iglesia espiritual, que también atiende los
asuntos temporales y políticos.
- Qué mundo este! En nombre de Dios y del amor
una madre da a luz a un hijo. Y con el nombre de Dios y del amor en la boca,
se comenten crímenes horribles...
-Es que algunos se ponen el nombre de Dios en la boca, pero actúan de
otra manera.
- Todo parece indicar que habla de usted....
- No...¿Cómo se te ocurre?
-¿Y qué opina de la actitud de la Iglesia
respecto de los derechos humanos?
- (Mira hacia la ventana) ...Mirá vos cómo llueve.
-Llueve, Monseñor. Según la teología
tomista la verdadera Iglesia se reconoce por las persecuciones de que es objeto,
¿dónde está hoy la persecución?
-A mí me persiguen los periodistas, así que debo de ser bueno.
(Llama a su secretario y le pide una Biblia. Me la da.) Tomá... leela..
Te la regalo... A ver si aprendés, a ver si va al cielo...Te hace falta
leerla.
-¿Cómo era aquello de su amistad con
Herminio Iglesias?
-El vino acá con Amerise y compañía, cuando era candidato
a vicepresidente. Me preguntó que me parecía para ministro de
Educación un señor a quien trajo y yo le contesté que me
parecía que podía ser útil. Bueno, después salió
todo eso de que yo lo apoyaba. No fue el único que vino acá, también
vinieron Balbín y Anselmo Marini de quien aún soy amigo y...
-Usted siempre cerca del poder...
-No es cierto. Y cuando he tenido que decirle algo a alguien se lo he dicho.
-¿Usted es peronista?
-No soy peronista ni antiperonista. (Se pone de pié, me sonríe)
Mirá, cuando llegaste te di cigarrillos, después te regalé
un catecismo y la Biblia; y cuando te vayas te voy a dar un beso. Quiero a todos
los seres humanos y vos sos muy simpática... Por eso te regalo todo.
-¿Simpática?
-Sí, porque decís todo lo que pensás. Preparate bien para
ir al cielo porque nos vamos a ir juntos después...
- Difícil, si piensa -como su amigo Camps-
que los periodistas somos todos subversivos...
-Y bueno alguna razón tiene. Todos no pero algunos...así que...pensá
en vos, linda.
Revista La Semana, 5 de abril de 1984
Buenos Aires, Argentina
Hoy, 10 de febrero de 2002
Copyright © 2002 Cristina Castello
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