22 de febrero del ’90. Aldo Rico, militar carapintada. El hombre que se levantó en armas contra un gobierno elegido en las urnas.
No pertenece a la misma línea que los condenados por la Justicia Jorge Rafael Videla, Emilio Massera...y siguen las firmas. De quienes decían que somos derechos y humanos mientras mataban a seres humanos argentinos, franceses, españoles, italianos. Judíos, niños, periodistas. Personas. Estos son de la línea conocida entre ellos como mitrista o liberal. Rico es de la línea de los nacionales. Pero tiene mucho en común con sus contrincantes armados. El desprecio por la vida. (C.C. Hoy, año 2002)


Difícil diálogo con Aldo Rico. El cree en Dios y también yo aunque no soy militante de ritos ni liturgias. ¿Cuál es el dios de este carapintada de armas llevar y sublevado en armas contra la democracia? El lo sabrá. Y su dios.
Los derechos humanos no son de izquierda, de derecha, ni de centro. Los derechos humanos son la vida. La vida de todos.
Rico me eligió para esta nota. El programa de televisión que él financia con la cara de dos periodistas ya no resulta creíble. Sabía de mí –mucho, sus servicios de inteligencia ¿inteligencia? no descansan- pero también preguntó a sus fuentes confiables. Quería un/una periodista creíble para lavarse la carapintada.
Y resulté la elegida.
Pero no le dio el alma para saber que si trabajo como periodista y escribo mis aproximaciones a mi siempre poesía, es porque no renuncio a los valores de siempre.
La Justicia y la justicia.
La libertad.
La igualdad.
La República.
La paz.
La fraternidad.
Anticipé que las preguntas serían durísimas al capitán retirado Ernesto Larramendi –una suerte de jefe de prensa de Rico- con quien me encontré previo a la entrevista, en un bar de Córdoba y San Martín, en el corazón de Buenos Aires.
¿Cómo va usted a conocerme? pregunté por teléfono, cuando me llamó. Sabemos todo de usted: la conozco bien, escuché por la línea.
Bueno, al ruedo.
Viajé a Tucumán, lugar que fijó para la cita. El tenía que oficiar de padrino de diez casamientos y quince bautismos de vecinos de una villa de emergencia.
En su pecho –por fuera y visible- cadena y cruz.
En su corazón, Noemí Crocco, bravísima pero buena compañera.
Como mujer, entiendo la defensa que hace de su hombre.
En su corazón también, Alejandra, Manola y Aldo, los hijos.
Cuarenta y seis años -ex teniente coronel, comando- solo agua mineral durante los noventa minutos del diálogo.
Todavía dice hombre concreto por hombre común, positivo por sí.
Jerga militar. Ya se adaptará porque quiere ser político.
El hombre que se levantó en armas contra la democracia, el hombre que habla del genocidio en Argentina como señor de la vida y de la muerte, no descarta postularse a la Presidencia de la Nación cuando Carlos Menem cumpla su mandato. Por eso sus viajes y su prédica, primero entre los más humildes.
Mientras escribo siento todavía el odio con que sus ojos me hablaban. Creo que siempre se arrepentirá de esta entrevista. Yo no. Una vez más quise develar.
Para eso, el periodismo.
Develar, aunque se me espantara el alma cuando lo escuchaba.
Pero es mi deber.
Humano.
Y profesional.


- ¿Usted es una amenaza?
- Si, soy una amenaza para la dirigencia del pueblo argentino, porque está espiritual, moral e intelectualmente corrupta. Pero tiene los días contados: ahora hay hombres dispuestos a jugar su honra.

- Como usted. Según dijo se vio obligado a matar hermanos. ¿Quién lo obligó?
- Los que tomaron las armas contra la República.

- ¿Mató hermanos entre 1976 y 1983?
- Yo combatí en 1975 y 1976. Era jefe de la Compañía de Comandos y Servicios del Primer Cuerpo y yo personalmente controlaba un área de la ciudad de Buenos Aires.

- Y ahora, porque quiere ser político, se presenta ante la sociedad con el discurso de las manos limpias.
- Porque tengo las manos limpias. (Indignado) ¿No se da cuenta...pebeta, que lo otro fue la fue la contra la subversión?

- ¿Mataba en los campos de concentración que hubo en Argentina?
- (Me mira, burlón) ¿Qué dice? No hubo campos de concentración en la Argentina.

- La Justicia y los organismos internacionales de Derechos Humanos dictaminaron que sí. Y que hubo torturas y muertes.
- (Mira por la ventan, me ignora) No me consta y...¡mienten¡ Como el Presidente Menem que anda diciendo que lo torturaron y no es cierto; sólo lo sometieron a un trato descomedido y humillante. Además, yo estoy muy conforme con todo lo que hice. ¡Y volvería a hacerlo¡

- Me asusta. Hablamos de vidas humanas y no es humano lo que usted dice.
- (Me grita) Es probable y no me interesa qué le pasa a usted.

- ¿Tuvo miedo alguna vez?
- Sí, en Malvinas y no me avergüenza decirlo porque valiente es quien tiene miedo y lo enfrenta.

- ¿Y qué lo conmueve?
- La actitud del soldado frente a la vida y el recuerdo de mis camaradas muertos, sobre todo el del Perro Cisneros.

- Apunto a lo humano y responde como comando ¿Por qué?
- Porque el Comando vive en el límite del comportamiento humano, todas sus actividades son de riesgo. No soy como estos dirigentes políticos que hay por ahí.

- ¿Con qué autoridad habla usted o en representación de quién?
- Represento los intereses del pueblo y del hombre concreto. Y es posible que la masa de la sociedad piense como yo.

- Sin embargo, el General Bussi, gran represor, aludió a usted elípticamente como el llanero solitario.
- El puede opinar de lo que tenga ganas. Pero me hubiera gustado que me comparara con Diego de la Vega (N. De R.: El Zorro), porque luchó por la dignidad y la justicia.

- ¿Y proclamó un catolicismo que nadie comparte, armado hasta los dientes cuando levanto al imagen de la Virgen del Valle?
- Yo no hago política católica. Vivo católicamente la política. Además en mis operaciones no me mostré nunca al lado de ninguna Virgen.

- Pero sí sus hombres. Y hay fotos. ¿Por qué no asimila los valores espirituales que se supone contiene un credo?
- Los asimilo. Están en las tablas de Moisés.

- Donde dice, por ejemplo: no matarás y ama a tu prójimo. Y usted se levantó en armas contra la democracia y quebró la paz.
- Pero yo no invoqué a Dios cuando me sublevé. ¿Qué tiene que ver Dios con Campo de Mayo (N .de R.: por el levantamiento de Semana Santa)? Además, ¿qué es más importante: la paz o la justicia? (Furioso) A ver, ¡dígame!

- No hay justicia posible sin paz.
- Sí, sí hay. A veces para que haya justicia hay que romper la paz.

- ¿Se cree un ser supremo, capaz de decidir sobre vida y tranquilidad de las personas?
- No, pero soy un hombre de acción. Decido y opero. Yo dije basta y me jugué.

- Jugó al pueblo y al prestigio del país.
- Negativo.

- ¿Por qué habla en código?
- Es un modo.

- Comprendo. Dijo que el Operativo Dignidad era un acto de amor al camarada, se pintó la cara y se sublevó. ¿Así ama?
- No creo que el hombre común entienda la relación entre camaradas. Por el camarada se muere, aunque el otro sea un enemigo. Pero, ¿qué va a entender usted, pebeta?

- Que usted se levantó en armas contra de la República.
- No, nosotros violamos la disciplina porque no había mas remedio. Era la única manera de detener la política antimilitar que llevó a cabo el alfonsinismo coordinador con la complicidad del generalato.

- ¿Y ahora con la excusa de combatir la corrupción llama a la violencia y convoca a la ciudadanía?
- (Me grita, furioso) No, yo comprendo las cosas y no cierro los ojos como usted. Y si los políticos no operan sobre las causas, la violencia estallará con armas en la calle y el soldado tendrá que obrar sobre los efectos.

- Distiéndase un poco (el clima es insoportable). ¿Por qué no va al cine, por ejemplo o ve algún vídeo?
- Me gusta el cine nacional pero no tengo tiempo para ir. En cuanto a los videos, me niego. Son una forma de subculturación. Es la basura que nos llega de Estados Unidos. Pero, .¿qué le importa a usted si ya sé que trabaja para el imperialismo?

- ¿Juzga todo con la ligereza con que me llama imperialista?
- No, pero sus preguntas trasuntan una estructura mental y cultural. Sería conveniente que leyera pensadores nacionales, como Marechal o Borges. Además, la gente me entiende y si usted no, busque un diccionario (golpea con el puño contra la mesa).

- Veo que no hay distensión posible, ¿por qué dijo que todos los suboficiales son carapintada y también el 50 o 60 por ciento de la oficialidad?
(Se burla) ¡Pebeta! Pasé treinta años en el Ejército y conozco las cosas mejor que los generales, cuya única virtud fue ir al extranjero a solucionar sus problemas económicos.

- ¿Cuantos ejércitos hay?
- Uno: el Ejército Argentino.

- ¿Usted quiere a Seineldín en la Jefatura del Estado Mayor?
- Al coronel Seineldin lo va a convocar el doctor Menem para que sea Jefe de Estado Mayor. Si las cosas siguen como ahora, tendrá necesidad de llamarlo. Seineldin es el modelo deseable del ejército necesario.

- ¿Ustedes se dividen las tareas: usted para la política y él para los cuarteles?
- El coronel tiene grado militar y no puede manifestarse como yo. Por eso yo me desenvuelvo como ciudadano, digo lo que quiero y sin violar la ley. Estamos dando un nuevo modelo para la sociedad.

- Suena mesiánico.
- No es mesianismo sino convencimiento y sé que estoy a la cabeza de la sociedad. Estoy en la avanzada.

- ¿Por qué dijo en un programa de tevé que es pesimista con respecto a la gestión del ministro de Defensa, Humberto Romero?
- Porque no podemos pretender que el ministro de soluciones a los problemas del Ejército, cuando no se solucionan los del país en forma global.

- Usted antes consideraba un par a Romero. ¿Lo eligió para contarle por anticipado la futura sublevación de Semana Santa?
- Sí, pero no sólo él lo sabia por anticipado. Lo sabían también senadores peronistas y de partidos independientes, dirigentes sindicales y todo el generalato. Pero (muy enojado, golpea otra vez sobre la mesa) no sé si vale la pena seguir hablando, porque este interrogatorio está cayendo en lo insustancial. Además ¿por qué en vez de interrogarme, los periodistas no se pelan el... la cola y se meten en los lugares donde están los carenciados?

- ¿ También quiere enseñar periodismo?
- Pretendo insistir en el papel fundamental del periodismo en la sociedad democrática. Además (hace ademán de pararse)...¡esto se termina!

- Todavía no. Entrenamiento duro, combate fácil, decía usted días pasados. .¿Para qué combate se entrena?
- Me entreno permanentemente porque...pero...¡esto se terminó...pebeta¡ (Aldo Rico se retira después de golpear la mesa y decirme algo entre dientes que preferí no entender).

© Cristina Castello
Buenos Aires- Argentina
Publicado en Revista Gente el 22 de febrero de 1990

 

 

 

 





Carlos Monzón
José Alfredo Martínez de Hoz
Monseñor Antonio José Plaza
Domingo Cavallo
Aldo Rico
José Roberto Dromi
Mariano Grondona

 

 

Aldo Rico,
de “profesión”,
Carapintada


¿Usted es una amenaza?

Por Cristina Castello