Yo no torturé nunca a nadie, pero no hice lo suficiente
para evitar que se torturara
Hasta que estuvo Biondini (un nazi) en mi programa y gracias al
director de cámaras que mostró su esvástica, no había
entendido el dolor humano. Tampoco el horror de los campos de exterminio. El
problema que planteó la comunidad judía, me despertó.
Para mí un jubilado era un problema estadístico
Mi misión es reflexionar, escribir y leer
Soy una romántico y escribí muchas poesías
Nunca sufrí. Siempre tuvimos plata y mis campos me dieron
respaldo.
Fui severo con gente de mi clase social que cayó en la droga
Fui insensible con sectores diferentes al mío
Lo que más me gusta es la polenta
Soy trasgresor, porque soy heterosexual
Vivo en una cajita de cristal
Hoy muchos me llaman subversivo, porque invito desocupados a mi
programa
No pongo el cuerpo para socorrer. Para eso están los políticos
El doctor Grondona (63) me cuenta sus verdades -armónico
y sereno- porque el clima de nuestra charla es armónico. De respuestas
fuertes por preguntas fuertes. Pero con tono suave, durante los ochenta minutos
que compartimos.
Está sentado frente a mí y por momentos parece un chico; es cuando
descubre un mundo que está más allá de su mundo. Lo que
no conoce: lo popular. Y cuando aletean sobre nosotros nombres de pensadores
y de filósofos le brillan los ojos. Qué sería de su discurso
sin los griegos..
Pero hay otros instantes en que está tenso. Es cuando las preguntas afectan
su propia vida. Entonces se contractura. Y para descontracturarlo, nada mejor
que apelar a su curiosidad. Porque está curioso de vida.
- ¿Iría a un recital de los "Ratones
Paranoicos"?
- (Divertido) Es una experiencia que todavía no hice pero seguro que
me enriquecería.
- No es tan formal, ¿tiene duendes?
- Sí, y están sueltos(serio).
- ¿Alimentan sus sueños?
- Sí, por ejemplo: al artículo que escribí hoy, lo soñé
anoche.
- Pero eso es trabajo, ¿en lo personal, dónde
tiene esa porción de locura que da color a la vida?
- Bueno, (categórico) soy muy romántico y escribí muchas
poesías. Pero la mayor aventura es explorar el pensamiento (pone una
distancia académica).
- Doctor, ¿está contracturado?
- No, (se mira la ropa) con un buen traje yo estoy cómodo.
- No hablaba de su vestimenta...
- Ya sé, pero usted me hace preguntas personales y no me gusta exhibirme.
Soy como mi abuelo José -un personaje victoriano, trabajador y serio-
quien me marcó mucho hasta que murió, a mis doce años.
Poco antes de morir me escribió un papelito que decía: "lo
que cuesta, vale". Así lo creo yo. Y sé que mi misión
es reflexionar, escribir y leer
- Pero tiene una distancia con la vida que lo aleja
de las personas como seres vivos, humanos.
- No, porque el periodismo me salva de la intelectualidad pura, de tipo académico.
Además, soy raro: muy frío y muy apasionado al mismo tiempo. Con
una pasión tan enorme por la claridad, que se parece a la desesperación.
- ¿Usted nunca sufrió?
- No, jamás sufrí ni tuve una gran desgracia. Y no sé,
por ejemplo, qué es la necesidad económica... (muy sobrio) porque
siempre tuvimos plata y mis campos me dieron un respaldo...hasta psicológico,
muy grande. Por eso fui severo con gente de mi clase social que cayó
en la droga; porque nobleza obliga. Cuando uno recibió mucho, está
obligado a dar mucho.
- ¿Este juicio sobre los otros no es heavy?
- La droga es heavy.
- ¿Y el alcohol?
- Yo jamás me emborraché porque los borrachos me apenan: se deshumanizan.
-¿Y de joven no vivió con otros periodistas
noches de bohemia, de café y de puchos, de sueños y whiskys?
- No, (con placer) yo "bebía" de la cultura y del talento de
Juan Valmaggia, de José Blanco Amor y de Manucho Mujica Láinez
-con quien compartía el escritorio en "La Nación"- mientras
escuchaba el mejor concierto (como si estuviera en el Colón): el de las
máquinas de escribir.
- También hace cosas comunes al resto de los
humanos. Come, por ejemplo
- Sí, prefiero el bife con papas fritas y el jamón crudo. Pero
lo que más me gusta es la polenta.
- ¿Y qué le gustó de su mujer,
cuando la conoció?
- Creo que fue la atracción de los contrarios. Ella es de una enorme
vitalidad y tiene alegría de vivir y yo soy más bien solitario
y reflexivo. Entonces me encontré con algo que era...(todavía
deslumbrado) como la vida.
- ¿Sintió enseguida un amor inevitable?
- Mire, yo sentí el amor y (con pudor) la atracción sexual como
el llamamiento de un camino, ¿no?
- ¿Cómo fueron los primeros encuentros?
- El contexto social era distinto y la actitud de los padres de la mujer era
oponerse, encerrarla y negarla. ¡Era toda una aventura!
- ¿Qué hacían?
- Íbamos a fiestas en casas de familia o a bailes -que eran más
paquetes- y siempre terminábamos tomando el desayuno en "La Biela".Y
también era el teléfono clandestino, la visita y las cartas. Así
fue hasta que nos casamos, hace cuarenta años: hasta entonces, actué
como una especie de trasgresor.
- Todo lo contrario de lo que es hoy...
- No, yo sigo siendo clásico para vestirme y soy trasgresor, porque soy
heterosexual.
- ¿Cómo es el amor después de
tanto tiempo?
- Para mí sigue siendo un desafío inagotable; el de penetrar en
el misterio de mi mujer. Es como la exploración constante de una tierra
rica -ella- que no entrega su último secreto.
- ¿Ella lo domina, no?
- No, tenemos jurisdicciones. Ella tiene vocación por la familia pero
también es quien hace la lectura crítica de mi persona y dice:
"sí, está bien pero..." Y yo la escucho.
- ¿Antes de casarse conoció prostíbulos,
como la gente de su generación?
- No, yo estaba en otra. En el secundario tenía la idea de ser sacerdote
y viví una etapa muy mística. A los diecisiete años ya
me había leído todo Santo Tomás de Aquino y todo Maritain:
ellos me dieron solidez y me estructuraron.
- Y lo contracturaron.
- (Se ríe) Sí, pero después Heidegger, Ortega y Gasset
y Robert Nozick me dejaron...¡totalmente descontracturado! Y ahora sé
por qué cuando que llegué al Seminario, me sentí tan mal.
Es que me lo había imaginado distinto...qué sé yo, será
porque fui hijo de madre viuda y había vivido rodeado de mujeres. No
sé...la cosa es que fue un sueño, que se derrumbó en el
mismo momento que entré.
- Tenía pocos años y pasó una
crisis fuerte, ¿fue difícil?
- Mucho. Me quedé un año y aprendí latín y griego
y me leí los "Tratados de Apologética". Pero todo el
tiempo me preguntaba: "¿es tan fuerte mi fe, como para que yo me
quede acá y viva siempre a contrapelo de mis sentimientos?" Hasta
que me fui y empecé Derecho. Pero el destete fue ¡muy bravo!
- ¿De nuevo laico, no se le dio por caminar
la noche?
- No, porque recién descubrí que existían las chicas, conocí
a Elena y vino el noviazgo y el casamiento. Pero además, el prostíbulo
o la festichola no me divierten, porque lo divertido es esto (sonríe):
la vida.
- ¿Vive en una cajita de cristal?
- Sí, y trabajo y recibo en mi casa.
- ¿No dice malas palabras?
- No, pero...qué sé yo, si voy a una
cancha de fútbol con mi hijo -entre hombres- puedo decir alguna, pero
de las...normales.
- A ver: hace un rato dijo "destete", ¿diría
también que un bebé toma la "teta"?
- Y, sí (colorado) si hay que decirlo, lo digo (se ríe).
- ¿Y en la tevé, por qué no se
ríe?
- Porque a mucha gente no le va bien y le debo respeto. Es más: si fuera
presidente, me la pasaría yendo a los lugares donde hay gente que sufre,
en vez de andar ostentando por ahí. Sería mi deber.
- Es curioso: la tele -que suele deshumanizar- lo
está acercando a dolores de la condición humana, que usted ignoraba.
Como aquellos que le contó Niedojaslo, el jubilado...
- Sí...¡aquello fue un golpe de realidad tan fuerte! Y es verdad
lo que usted dice, porque antes yo practicaba un periodismo como el que hago
en "La Nación": para un lector más parecido a mí.
Vivía en un círculo restringido. Para mí, un jubilado era
un problema estadístico. Pero gracias a la televisión vi la cara
de uno y se me convirtió en un ser humano.
- También en "Hora Clave", cuando
invitó al nazi Biondini, descubrió el holocausto judío...
- Sí, uno de mis problemas es que fui insensible con sectores diferentes
del mío. Entonces aquel día, yo hablaba con Biondini pero estaba
en un juego intelectual. Lo único que me importaba, era demostrarle que
él era nazi. Así que hasta por ese invitado, y gracias al director
de cámaras que mostró su esvástica, no había entendido
el dolor humano. Tampoco el horror de los campos de exterminio. El problema
que planteó la comunidad judía, me despertó.
- ¡Lo había leído y no lo sintió!!
- ¡Sí!...¿Se da cuenta? (Sobrio) No había entendido
una experiencia vital de tanta trascendencia, semejante dimensión del
dolor humano.
- ¿Entonces?
- Entonces, por eso, yo siempre quise llevar a Cavallo a las tribunas, pero
a él no le gustan; y así es que ve todo el día banqueros,
empresarios y funcionarios, y termina pensando como ellos. En cambio a mí
hay gente que me llama "subversivo", porque llevo desocupados al programa:
pero...¿qué quieren...hacerlos desaparecer?
- ¿Usted se desvela de noche pensando en esa
gente?
- No, las cosas me llegan pero yo no puedo resolver nada.
- ¿Y pone el cuerpo, si lo llaman para socorrer
a alguien?
- No, porque mi deber es "mostrar" los problemas: es no dejar cenizas
bajo la alfombra. Lo demás, es para los políticos.
- ¿Acaso usted trata de evitar que las cosas
se traten sólo como "temas", para convertirlos en una abstracción
y quitarles valor como problemas?
- Sí, y entonces me critican por negativo. Pero mi crítica es
esperanza y no quiero cometer más pecados de omisión, como antes.
Yo intelectualizaba los problemas y no sentía la obligación de
movilizarme: no hacía nada.
- Habla de su conducta durante el genocidio que hubo
en Argentina...
- Sí, porque yo no torturé nunca a nadie, pero no hice lo suficiente
para evitar que se torturara.
- ¿Qué quiere decir?
- Que hubo complicidad y que tuve un cinismo como el de la mayoría de
los argentinos en aquella etapa.
- ¿Y ahora, como católico, está
haciendo un acto público de contrición, por televisión?
- Sí, porque ya no quiero mirar para otro lado cuando pasan las cosas.
- Entonces lo amonestan: el Presidente lo critica
a cada rato, por radio. ¿Eso no es común, no?
- (Con asombro) No...y para mí es un misterio que el doctor Menem haya
personalizado en mí, sus exabruptos.
- ¿Por qué será?
- No sé, pero tanto Bernardo (Neustadt) como yo habíamos criticado
tanto el estatismo, que cuando el Presidente empezó a pensar igual que
nosotros, habrá dicho: "Grondona es de los míos". Y
quizás esperó una actitud como la que Bernardo tuvo con él;
porque actuó como si le dijera: "doctor Menem, Bienvenido al redil".
Pero yo no fui así, porque creo que el periodismo debe ser un contrapoder.
- ¿Hubo algo específico, para el quiebre
entre usted y Menem?
- Claro, claro (busca en su cabeza)...cuando él estaba recién
electo, tuvimos muchas reuniones y comidas. Era una cosa como de querer confraternizar
y eso a mí...¡no me gustaba, para nada! Y en un momento...(molesto)
mire: él me empezó a tutear. Entonces mi respuesta fue clara:
yo no lo tuteé.
- Pero a usted el rechazo presidencial no lo afecta:
al menos en la cara no se le nota.
- Pero tampoco me hace sentir bien.
- Apuntaba a que no tiene ni una arruga. A ver, por
favor, describa su cuerpo...
- (Con pudor y humor) No, no me haga hablar de estas cosas porque yo en ese
sentido soy platónico: tengo la idea antigua de que "el hombre es
como el oso, mientras más feo más hermoso", ¿no? Las
que son bellas son las mujeres...(se ríe) aunque esto parezca antiguo
y machista.
- ¿Es antiguo y machista?
- No sé, pero una vez en Harvard -donde son muy feministas- el decano
de la Facultad de Gobierno hizo una comida para cuatro o cinco matrimonios:
él cocinó y preparó todo, mientras la mujer (azorado)...¡estaba
por ahí, sentada! ¡Y él y los demás profesores masculinos
lavaron los platos! (Pícaro) Pero yo pensé: "si me invitaron
a dar clases como profesor latino, tengo que ser fiel a mi latinidad" (Se
ríe). Y no lavé los platos.
- Está más libre, lo cuenta sin contracturas...
- Porque son anécdotas y con ellas no me siento expuesto. Es como si
le contara que la abuela de mi mujer me dijo: "en el matrimonio el primero
que se levanta a cerrar la ventana porque hace frío, pierde". Y
que gracias a eso...¡yo no me levanté! (muy divertido).
- Le salió un duendes, ¿tiene más?
- Sí, pero no voy a sacarlos: a mí también me gusta el
misterio.
© Copyright Cristina Castello
Revista Gente
Buenos Aires Argentina, 1° de agosto de 1996
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