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Cristina Castello,
autora de «Soif» («Sed»)
«Soif es un grito en silencio»
por Mai Châteaux
¿Con qué poeta latinoamericano te identificas
más y por qué?
Siento identidades con los poetas de silencio interior.
Con aquellos cuyas palabras son un vuelo hacia la libertad, una hiedra
reverdecida. Con quienes hacen de la palabra una búsqueda, más
que un encuentro. Con quienes tienen «esa parte del alma»,
como sostenía Schiller. Con quienes necesitan que la poesía
sea vida, como Hölderlin... y entonces lo llamaban «loco».
Me siento unida, los amo y les agradezco. Ellos son quienes no se rinden
a la facilidad, al «éxito», ni a la fama; quienes hacen
de la búsqueda de la palabra un camino de fronteras hacia adentro,
para alumbrar el «afuera». Y un caso paradigmático
entre los poetas contemporáneos es Thiago de Mello. Thiago, prodigio
de palabras como su prodigioso Amazonas del cual el Norte también
quiere apropiarse. Milagro de exquisitez y sabiduría, poeta recoleto
infinito del Infinito: el hombre frente al misterio.
¿Quiénes son?
Me resulta difícil hablar de poesía
con nacionalidades, pero... está bien. Vamos primero a los latinoamericanos.
Roberto Juarroz, con quien me siento unida en el ascetismo sensual -aunque
parezca oxímoron- de su «poesía vertical», y
en su vertical actitud ante la vida. Alejandra Pizarnik, hondura de mares
y síntesis de átomo. Julio Cortázar, poeta donde
la belleza respira. Olga Orozco, y su valentía para verse el alma
sin maquillaje. Y los poetas de mi infancia, algunos de los cuales me
son todavía: Gabriela Mistral profética, y Vallejo
indispensable, y Neruda cuando sacaba de sí su mejor yo
(Pedro Salinas); y José Asunción Silva, y Rubén Darío,
y Huidobro.
Pero poesía es Universo, aleteo de mariposas en estío, barrilete
a las estrellas. Entonces, Rimbaud, Robert Desnos, Paul Eluard, Víctor
Hugo, Julles Supervielle, Yves Bonnefoy, Ungaretti, Montale, Quasimodo,
Elliot, Whitman, Jean-Pierre Rosnay, Yeats, Lanza del Vasto, Lorca, Miguel
Hernández, José Hierro, y tantos, tantos más.
¿Cuál es la esencia de crear poesía?
La belleza, el deber de la belleza –digo-
en un autoplagio al título de uno de los poemas de «Soif»
(«Sed»). La esencia de crear poesía, es la imposibilidad
de no crearla... o, al menos, de intentarla. Aun en este mundo de horror
en que vivimos, donde el hombre espanta al cielo, la poesía aparece
como algo que nadie pidió, pero de lo cual no se puede prescindir.
Sin embargo, en el mundo occidental suelen buscarse resultados, y no develación
y verdad, alentado esto por las editoriales que quieren vender la Nada.
El vacío. La negación del verbo. Diferente es en Oriente,
donde todavía late el sentido de la vida, incluso entre el horror
y la muerte.
¿Por qué tu libro se llama «Soif»
(«Sed»)?
Porque la sed es el sino y el signo de mi vida.
Es una sed insaciable que se calma y crece cuando bebe. «Esta sed
mía grande, tanto ya que ahoga», dije en alguna línea
de este libro. La sed está escrita en todo mi Ser y es irreversible.
Nací con sed de poesía –de arte– y con sed de
contribuir a cambiar el mundo; y si bien cuando muy niña no sabía
las causas, hoy sé que todo obedece a mi creencia en el destino
humano como trascendencia. Sed, tengo sed. Y no sé cómo
será transcurrir, sin comprometerse con la Humanidad toda.
Necesito que acabe la injusticia en el mundo, y estos Hitler versión
siglo XXI que masacran vidas y sueños; tengo sed de paz y armonía
para todos. Tengo sed de que Bondad, Libertad e Igualdad lleguen ahora
mismo, ya. ¡Basta, basta ya! Antes clamaba por una tregua, pero
ahora exijo conciencia a las personas, para que no bendigan en las urnas,
o con silencio, lo mismo que las sacrifica en la vida. Y ahora me permito
increpar a Dios, en quien creo, para que no tarde más. ¡Basta!
No, ya no... ya no. «Veo el dolor del hambriento y sé que
su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta
morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de hierba al menos».
Lo escribió César Vallejo. Y de eso se trata.
¿Qué mensaje pretendes hacer llegar
a las personas que lo lean?
La bondad, el poder de la palabra y el poder de
la poesía, pero cuando escribo no lo hago con propósito
de mensaje. Escribir me revela, me permite conocerme y conocer el mundo;
si no, soy como un ciego en un bosque nocturno espeso, sin luna ni estrellas...
aunque yo no lo muestre. Sin la palabra escrita, mi alma anda a los tumbos
por el cuerpo y eso es serio, pues es el alma la que lleva al cuerpo y
no al revés.
¿Cuánto tiempo demoraste en escribirlo?
No sé, porque no lo escribí con propósito de libro.
Eran palabras o poemas sueltos, de amor a la Humanidad por un lado, de
horror ante los desalmados –lo cual es otra forma de amor hacia
los inocentes–, y de amor-pasión. Pero un día Ricardo
Dessau, periodista y escritor, quien tuvo a su cuidado la edición
de «Soif» y la contraportada, eligió los poemas y les
dio un orden, y...
Y Antonio Seguí hizo los dibujos originales...
A eso apuntaba. En realidad, este es un libro de
los dos... sólo que la editorial –aunque no le guste escucharlo-
olvidó su nombre en la portada, según yo había dicho
y correspondía... yo me quise morir, pero ya no había solución.
Antonio Seguí es uno de los más grandes y prestigiosos artistas
contemporáneos; y a la vez, es generoso y sencillo. Hizo los dibujos
exclusivamente para «Soif» y me los envió desde París.
Es un privilegio y una Gracia, y da a mi poemario un valor agregado desde
el punto de vista estético.
Y todo lo demás lo hizo François Xavier, poeta y ensayista
francés –pura luz–, uno de los prologuistas, y gracias
a quien conocí la poesía de Mahmoud-Darwich y de Salah Stetie,
síntesis y trascendencia. El resto lo hizo París, con el
misterio de amor que hay entre esa ciudad y yo, y Oscar Barney Finn, autor
del segundo prólogo; artista de primera línea como director
de cine, teatro y televisión, y como reggisseur de opera.
¿Cuál es la importancia de Jorge Luis
Borges para la poesía argentina?
Borges es el más universal de los poetas
argentinos y del mundo. Como bien me dijo en una entrevista reciente María
Kodama, su esposa, las dos grandes revoluciones en la lengua española
se dieron con Rubén Darío y el modernismo; y con Borges
y el cambio que impuso en la narrativa, fundamentalmente porque él
fue sobre todo un poeta.
¿Crees que los países latinoamericanos
valoran las raíces poéticas de Borges?
Sí, como en todo el mundo, pero creo que
los poetas latinoamericanos comprometidos en un «basta» a
los párpados-letargo, lo vemos como un modelo de las letras, pero
no como un alma par de lucha en y con la palabra. No es sencillo el tema...
Si pudieras ser un animal, ¿cuál serías
y por qué?
Ninguno. Yo quiero ser cada día mejor persona
y trabajo conmigo para eso... Claro, si pienso en «Los cisnes silvestres
de Coole», de William Yeats, o en aquellos versos de este inmenso
poeta: «... aunque es tu voluntad de pájaro silvestre / Sabrías
que tu pelo prisionero / Se anudaba al sol, a la luna, a las estrellas...»...,
si pienso en Yeats, entonces soy cisne y soy pájaro silvestre.
¿Si tuvieras que fotografiar tus versos ¿serían
en fotografías a color, en blanco y negro o en negativos?
Mi primer impulso es decirte que serían
en blanco y negro, por la belleza de ese lenguaje en las fotografías.
Pero no. Algo en mí se rebela y me dice otra vez: ¡Basta!
Basta de ennegrecer la noche de un mundo en sombras. Mis decires en «Soif»
son un grito en silencio –abomino del ruido– por el color
y por la alegría. Entonces haría fotos como arco iris, pero
con colores suaves y armoniosos... como los ojos de la arena cuando el
mar la acaricia.
¿Cuál es la visión del mundo
que intentas plasmar en tus creaciones?
Este, al que te invito ya mismo... ¡Vamos Mai, vamos ya mismo a
tomar las armas: vamos a juntar palabras y a esparcirlas por el mundo!
¿Existe optimismo o pesimismo en la creación
poética?
Me parece que existe una actitud pesimista, optimista,
escéptica o indiferente ante la vida, y que es inseparable de la
creación poética.
¿En qué te inspiras para crear tus
obras?
Recuerdo aquello de que «la inspiración
es talento y transpiración». No creo en la inspiración.
Sí, en estados del alma, de la imaginación y de los sentidos,
que se alertan cuando pasan los ángeles. De todos modos, puedo
decirte que en mí despierta muchas cosas el cielo: necesito cielo,
tengo sed de cielo; y de música... de esa música que parece
también del Azul, como el «Stabat Mater» o «Nulla
in mundo Pax Sincera», de Vivaldi, o como todo lo de Marin Marais
o del clave de Louis Couperin; y me despiertan las caras de las personas
que veo en la calle, el mar.. Y «mi» París amado, y
la pintura, particularmente las obras de Odilon Redon y de Eugène
Carrière... que son ya un poema de mi próximo libro, que
espero publicar este año.
¿Un libro llama al otro?
Mira, con «Soif» nació un libro
y me nace otra vida. Pero –también– termina una etapa
en mí. Entonces empieza otra, y entonces yo miro por mi propia
mirilla, pero no veo... no puedo... y no sé cómo es ni será
esa vida. Lo único que sé es que me re-nazco. Y ahí
está el misterio. Lo único que sé es que me re-nazco.
¿Cómo empezó en ti el ansia
de escribir poesía, desde cuándo te dedicas a esto?
Nací con la poesía incorporada, como si fuera una célula
más del cuerpo y una fibra más del espíritu. A los
tres años recitaba y a los cuatro escribía «poemas»,
que nunca quise publicar y que tiré. Pero también tuvo mucho
que ver Rosita («Chiquita») Batmalle, mi mamá. Ella
era la poesía. Ella era el amor.
¿Es difícil ser poeta en el siglo XXI?
Es difícil ser persona en este siglo, y
es difícil vivir como poeta, pero es irremediable. Como la obstinación
de las enredaderas.
Traduccion hecha por:
Patricia J.Pioli
pj_pioli@voilà.fr
pjpioli@hotmail.com
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